← Back Published on

Ernesto Deira. Identificaciones: el cuerpo como imagen de la violencia

      Hasta el mes de septiembre, el Museo Nacional de Bellas Artes presenta la muestra Ernesto Deira. Identificaciones que reúne una serie de obras del artista argentino que se consideraban destruidas tras su exhibición en el Instituto de Arte Latinoamericano (IAL) de la Universidad de Chile, en el año 1971. Con curaduría de Mariana Marchesi, directora artística del MNBA, la muestra se conforma de siete obras en blanco y negro con marcado contenido político, en las que Deira utiliza referencias al asesinato del Che Guevara como hilo conductor..

       La muestra original, titulada Identificaciones, fue realizada en 1971 en el IAL, un espacio creado durante el gobierno de Salvador Allende como parte de un proceso de reforma social y democratización en el acceso a la cultura. Sin embargo, en 1973 el proyecto socialista de Allende es interrumpido por el Golpe de Estado que instaura la dictadura de Pinochet y da inicio a un periodo sombrío en la historia chilena. Ante este contexto de represión y censura, Ernesto Deira y sus allegados creyeron que las obras que integraban Identificaciones habían sido destruídas por causa de su claro contenido político.                           No obstante, los empleados del Museo de Arte Contemporáneo de Chile las habían resguardado y ocultado, aunque Deira falleció en París en 1986 convencido de que otro había sido su destino. En el año 2003, las pinturas fueron localizadas por Luis Felipe Noé, compañero de Deira en el grupo Nueva Figuración, y la galerista chilena Carmen Waugh. A partir de ese momento, Silvina y Martín Deira, los hijos del artista, comenzaron gestiones diplomáticas para repatriar las obras, que culminaron en el año 2021 y en las que fue clave la difusión de la prensa y la intervención del Ministro de Cultura, Tristán Bauer. Hoy, las obras vuelven a exhibirse al público.  

       Al ingresar a la sala, la inmensidad de las pinturas y la profundidad de los negros generan un sentimiento de angustia. La figura humana en blanco impacta y encarna la violencia, a través de poses rígidas, cuerpos inertes, marcas de desnutrición, heridas y amputaciones. Los ojos cerrados y las miradas pérdidas de los sujetos resaltan la cercanía de la muerte; mientras que la mirada inocente entre dos niños desnutridos conmueve ante tanta crueldad.     

     Como manifiesta Marchesi, “la intención de Deira por entonces era trazar una crónica sobre algunos de los acontecimientos más violentos sucedidos en el mundo desde los años 60: la pobreza en el Tercer Mundo, los procesos de descolonización, la invasión estadounidense a Vietnam y, en el caso de la Argentina, los primeros actos represivos que inauguraron la década del 70”.

        Para realizar la serie, Deira se basó en fotografías publicadas en diarios y revistas, como Ciencia Nueva y Así. Estas imágenes periodísticas, que se exhiben junto a las obras, funcionaban como evidencia del horror: el genocidio de Bangladesh (1971), el uso de armas tóxicas en la Guerra de Vietnam, el secuestro y desaparición de Juan Pablo Maestre y Mirta Misetich por las fuerzas de seguridad (1971) y el asesinato del Che Guevara en Bolivia (1967).           Al incorporar estas imágenes en la práctica artística, Deira le otorga al cuerpo un lugar simbólico y permite que hable. Así, la brutalidad de las pinturas denuncia el contexto histórico y enfrenta al espectador con la realidad cotidiana de la época.

En la mayoría de las obras, el asesinato del Che y los procesos a los que fue sometido su cadaver funcionan como hilo conductor. Las poses de los cuerpos remiten a la fotografía de Freddy Alborta, en la que se exhibe el cadáver del líder revolucionario rodeado por militares, con el objetivo de dar testimonio público de su muerte y, como afirma el escritor John Berger, realizar una advertencia política.   

     Además, estas pinturas se potencian al dialogar con imágenes icónicas, como Lamentación sobre el Cristo muerto de Andrea Mantegna, La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp de Rembrandt y el Hombre de Vitruvio de Da Vinci. Estos vínculos entre imágenes y pinturas ahondan en la figura del mártir, de sujetos que luchan por una causa, y también, en el poder que ejercen los Estados sobre el cuerpo, con fines científicos o de disciplinamiento social.

        Por otro lado, Deira incorpora extremidades mutiladas y manos aisladas en las esquinas de los cuadros que aluden a la amputación de las manos del Che por el Ejército Boliviano para realizar un examen dactiloscópico y corroborar su identidad. La inclusión de estos elementos permite pensar la fragmentación del cuerpo como representación de la censura, la tortura y de la pérdida de la identidad.

        A su vez, el contenido político de las obras se refuerza ante su proceso de repatriación. La desaparición de las obras durante la dictadura de Pinochet invita a trazar una analogía entre las obras y los desaparecidos, tanto en Chile, como en Argentina y el resto de los países de la región, durante el Terrorismo de Estado. Como afirma Martín Deira, las obras “nos recuerdan esa dictadura, nos recuerdan esos desaparecidos. Las pinturas de esta muestra se han cargado de muchos más símbolos de los que originalmente ‘el viejo’ puso sobre la tela”.

Información:

Ernesto Deira. Identificaciones podrá visitarse hasta el 4 de septiembre en el Museo Nacional de Bellas Artes (Av. del Libertador 1473, CABA). El MNBA abre de martes a viernes, de 11 a 20h, y los sábados y domingos, de 10 a 20h. Entrada libre y gratuita, sin reserva previa.

*Texto publicado originalmente en Revista Magenta.  

Agosoto 2022